sábado, 11 de agosto de 2012

LA CORPORACIÓN SEMIÓSFERA ABRE AL PÚBLICO DE MANERA PERMANENTE EN SU CENTRO CULTURAL EN BELLO, LA SALA FABIÁN RENDÓN, EN EL QUE SE EXPONEN ALGUNAS DE LAS OBRAS DEL PINTOR.


SU OBJETIVO ES DIVULGAR Y COMPARTIR LA OBRA DE UNO DE  LOS MEJORES ARTISTAS PLÁSTICOS QUE HA DADO NUESTRA CIUDAD.

Reconocimiento que recibe junto con las pintoras Lola Vélez y Flor María Bouhot. 

RESEÑA 

Fabián Rendón nacido en Bello en 1953 y fallecido en Bogotá en 2000.

Este pintor bellanita llegó a ser considerado uno de los mejores grabadores del país. Ese prestigio se lo dio una técnica en el linóleo depurada con pasión, y una extraordinaria imaginación que hacía de sus cuadros una celebración de la cultura en permanente movimiento. La poesía, el rito, la música, el circo, la noche, conformaban parte de sus mundos interiores que llevaron sus grabados a exposiciones en todo el país, y a ser dignos de reconocimiento y de premios en Colombia, en Japón y en Puerto Rico.

Desde 1986, y durante cinco ediciones, hizo parte del Salón Nacional de Artes Visuales, obteniendo mención de honor en 1989. Salas de arte de varias naciones latinoamericanas y de Europa han visto sus obras, lo mismo que muchos estudiantes y artistas colombianos has disfrutado y han aprendido su técnica, gracias a los talleres que ofreció, a instancias del Banco de la República.

Además de publicaciones en revistas y periódicos, Fabián Rendón realizó tres hermosos libros de artista: Del lunario circense en 1991 (Ediciones Arte Dos gráfico, Bogotá) y Cuaderno de mapas en 1993 en su taller, ambos con poemas de Juan Manuel Roca; y De lo racional y lo razonable (Ediciones Arte Dos Gráfico, Bogotá), con textos de William Ospina en 1997.

La muerte, en 2000, privó al país y al arte de la permanente evolución de la obra de este artista que, no obstante, se queda en la memoria y en la historia de nuestras artes gráficas y nuestra pintura. Había nacido en Bello (Antioquia, Colombia) en 1953, estudiado Artes Visuales en la Universidad de Antioquia y vivido con la intensidad y con la alegría que otorgan el arte y el espíritu nunca satisfecho que busca la creación.


Tomado de: texto de Oscar Ovidio Tabares.
www.artelatino.eu/Fabian_Rendon.php


CRÍTICA


Por épocas la ilustración en nuestro medio ha sido realizada como un capítulo desdeñoso de los artistas plásticos, como un trabajo subalterno.

Se citan, a veces, la Comisión Corográfica y la Expedición Botánica como los más altos ejemplos de ilustración. Una que otra revista, uno que otro pintor como Santiago Martínez Delgado le dieron cuerda a una actividad creadora en torno a los textos ilustrados. Es un tópico decir que con respecto a Europa carecemos, valga repetirlo, de tradición. ¿Sería necesario recordar que el precursor de los libros ilustrados, un creador nacido en Moravia en 1592, Johan Comenius, contemporáneo de Van Dick, Rembrandt y Frans Hals, realizó el libro Orbis Pictus, con ilustraciones para los niños, algo que podría llevarnos a decir que la niñez de la ilustración nació como una tautología para los niños? Esto ocurrió en el siglo XVII, y parecía presagiar la idea de lewis Carroll de que no debería existir un libro sin ilustraciones.

Ahora hay en el país artistas plásticos que, paralelamente a su trabajo pictórico, ilustran sin ver en ello una servidumbre a la literatura y otros textos, que no piensan con arrogancia que la ilustración sea un "arte menor". Baste recordar que Chagall, Picasso, Miró, Lam, y una larga lista de grandes creadores hicieron ilustración como parte de un todo artístico, no como secuela de su oficio.

Parece que ya se comienza a mirar el trabajo de los ilustradores con el interés que se merecen. Que algunos, aún no muchos medios, van creando un espacio a esa "otra vuelta de tuerca" del trabajo de pintores, grabadores, dibujantes. Entre ellos señalamos el trabajo de Fabián Rendón. No el único, claro está, pues habría de recordarse a Darío Villegas, José A. Suárez, Carlos Santa, Santiago Londoño, Dioscórides, Dick Harold, entre otros.

Quisimos iniciar una posible serie de aproximaciones de algunos ilustradores con un perfil de Fabián Rendón, entrelazado como en un collage con algunas opiniones del grabador y dibujante.

Lo primero que llama la atención de Fabián Rendón es la pasión con la que habla de su oficio, sus obsesiones viejas y siempre nuevas y, sobre todo, su discreción. En la universidad encontré la técnica con Aníbal Gil. Pero se trabajaba el linóleo como la xilografía, a un solo color, incluido el fondo del papel. Quedaba casi como en negativo. Allí, en la Universidad de Antioquia, inicié un proceso con el trabajo artístico a través del dibujo, las tintas y el pastel, que me comprometieron estrechamente con el arte.

De un momento a otro dejé salir lo que tenía en la cabeza, pero sin necesidad de recurrir inmediatamente a sujetos, a objetos. Liberé la imaginación. Me pareció interesante explorar esa dimensión. Entonces fueron saliendo personajes muy oníricos, surreales, muy poéticos. Pero era terrible hacerse a la idea de formas que uno ni siquiera maneja cuando está constreñido por la academia. Empecé a trabajar con personajes del inconsciente, personajes que se derretían, seres de ocho dedos. Todo esto realizado con tinta, con algo que me daba buenos resultados. Sin embargo, llegó un momento en que la textura me pareció muy importante y encontré que el linóleo era un poco un juego, era el soporte textura¡ que complementaba la forma como yo convocaba los personajes.

Fabián Rendón cree bastante en el azar. Un poco por ese azar dejó a su ciudad, se vino a Bogotá, obtuvo el premio otorgado por el público al mejor ex-libris de una exposición organizada por la Biblioteca Luis Angel Arango. Por azar también entró de niño a una iglesia de Bello (Antioquia) de donde es oriundo, y el recardo del altar, su minucioso decorado no lo han abandonado en su trabajo creador: casi que no deja espacios blancos en sus grabados, atrapado por un barroquismo que a la manera de Lam o de Matta es de profunda raigambre americana.

De niño siempre le di más importancia al dibujo que a otra cosa. Mi padre me colaboraba, pero mi madre hacía lo contrario. No sé si mi oficio actual sea estimulado por mi padre o sea una forma de reacción con mi madre. Es una pregunta que me estoy haciendo hace mucho rato. Pero es un juego ante todo.


Exorcismo del Grabado

En el trabajo de Rendón siempre hay un carácter episódico, narrativo, no diríamos que anecdótico, pero de alguna manera su paleta da cuenta de historia del trasmundo, de ámbitos surreales. No parece incomodarle el que su trabajo sea señalado en su trasunto literario. Por el contrario, afirma: el dibujo me acerca al manejo de la línea. Me obliga a la misma posición que asumo al escribir. Esto ocurre cuando se trata de dibujar y no cuando trabajo al pastel o cuando realizo grandes formatos. En el contexto del dibujo hay un decantamiento de la miniatura similar a la sintaxis de la literatura. He visto que hay resistencia a volverse narrativo. No le temo a este aspecto, no me tensiono a fin de no parecer narrativo, no.

Me llama la atención el espacio para atiborrarlo, para dejar salir desde lo más cristalino hasta lo más profano. No sé si hay alguna herencia barroca entre los dibujantes antioqueños, para exorcizar esa mezcla cristiana y profana a la vez.

Cuando alguien se aproxima a una lectura de los linóleos de Rendón, muy seguramente los verá como una forma de exorcismo, como un desalojo de seres teratológicos, monstruosos, una legión de fantasmas no exentos de belleza poética.

Grabar es una forma de exorcismo. Y la alegoría que produce eso es de milésimas de segundo. Le he encontrado una especie de encantamiento al grabado. No hago grandes ediciones, pero me seduce que de diez que haga, haya diez posibilidades de acercamiento, porque de alguna manera hay un exorcismo, hay una confidencia. Ese exorcismo de que hablo tiene mucho de azar. Convoco los personajes un poco de esa manera, controlándolos con el manejo del oficio que es lo que la escuela y la experiencia me han enseñado. Esas formas que aparentemente son irregulares y que no son muy conocidas por mí, trato de acercarlas, de apropiármelas.

El azar que permite el linóleo se fundamenta en la impresión. Cuando se hace la impresión de un color sobre la estampa, al desprenderla, no se tiene noción de lo que vaya a pasar. Siempre hay un azar, algo por delante que te está sugiriendo otras posibilidades, otras formas.

La técnica del linóleo, tan antigua, explorada entre otros grandes maestros, por Picasso, no ha sido muy explotada por los artistas de nuestro medio. Esta forma del grabado que se realiza sobre algo tan aparentemente vulgar como es el neolite, el mismo material para fabricar suelas de zapatos, vuelve a poner de presente que no hay materiales innobles para la creación artística, que todo depende del buen provecho que se haga de ellos. 

Además algo muy bello que permite esta técnica es la brillantez del color. Quise explorarla porque sostiene muy bien la parte textural. Es una técnica realmente elemental. No requiere de un gran equipo, se puede prescindir -en principio de la prensa. Es algo que a alguna gente le ha sorprendido de mi oficio. Se trata de un trabajo hecho completamente a mano. Basta tener imaginación.

MARISOL CANO BUSQUETS Y JUAN MANUEL ROCCA
Tomado del folleto, Banco de la República
Exposición Itinerante, 1989

CUADERNO DE MAPAS - Ganador en la Bienal de San Juan

La XI Bienal de San Juan del Grabado Latino americano y del Caribe, que tiene ocurrencia en Puerto Rico, otorgó uno de los siete premios con igual jerarquía, al grabador colombiano Fabián Rendón (Bello, Antioquia, 1953). Como habitual colaborador del Magazín Dominical, Rendón, sobra decirlo, es alguien a quien apreciamos en su persona y en su condición artística, doble motivo para el festejo.

El trabajo con el cual obtuvo el importante premio alguna vez fue registrado en esta publicación. Cuaderno de mapas es un libro, objeto de arte, que reúne una serie de linóleos a partir de un grupo de poemas de Juan Manuel Roca.

Este año la participación en la Bienal, calificada por José Luis Cuevas como la más importante del mundo en asocio con la de Toldo, tuvo una presencia vigorosa de todo el continente. Por Argentina participaron 18 artistas, por Bolivia uno, seis grabadores de Brasil, 17 de Colombia, 9 de Chile, uno de Costa Rica, siete creadores cubanos, tres artistas del Ecuador, 15 de México, dos de Paraguay, dos de Panamá, cinco representantes del Perú, 25 del país anfitrión, tres de República Dominicana, un artista uruguayo y 11 venezolanos.

Como en cada Bienal, este año hubo una exposición de homenaje a un sobresaliente artista latinoamericano: Fayga Ostrower de Brasil, así como en pasadas bienales se homenajeó a José Clemente Orozco, José Guadalupe Posada, Joaquín Torres García, Roberto Matta, José Luis Cuevas, Rufino Tamayo, Jesús Rafael Soto, Liliana Porter y Antonio Seguí.

Además del mencionado Fabián Rendón y su libro, otros ganadores fueron la artista argentina Alicia Candiani, Evandro Carlos Jordim de Brasil, Agustín Bejarano de Cuba, Carlos Colombino de Paraguay, María J. Melero de Puerto Rico y la venezolana Corina Briceño. Los trabajos ganadores fueron el proyecto mixto de Rendón, litografía de la argentina, aguafuerte del brasilero, grabado sobre plástico del cubano, grabado en metal del paraguayo, intaglio de la puertorriqueña y colografía en cartón de la venezolana. La inauguración de la Bienal, donde se entregará el premio a los ganadores, con motivo de los 25 años de fundación de la Bienal (1970 - 1995), ocurrirá el próximo 20 de octubre, con presencia de los siete artistas seña lados. El jurado de selección y premiación estuvo integra do por Enrique García Gutiérrez, de Puerto Rico; Fayga Ostrower, de Brasil; Florent Bex, de Bélgica; Ivonne Pini, de Colombia; Kathleen Caraccio, de Estados Unidos; Luis M. Escobar, de Paraguay, y Bélgica Rodríguez de Venezuela.

Sin duda con su Cuaderno de mapas, Fabián Rendón consolida su presencia en el mapa de la plástica latinoamericana, con los merecimientos que le dan su rigor, su vocación casi monástica, su silabario pictórico siempre sugestivo y personal.


(Tomado del Magazín Dominical No. 644, 17 de septiembre de 1995).

No hay comentarios: